Me pregunto si será sólo una costumbre argentina, o si en algunos, muchos o todos los lugares del mundo, sucede lo mismo. Revindicamos una vez que llega la muerte. Es tal su poder de sensibilización, que todas las ópticas son positivas. Es tal el respeto que se le tiene, que nadie se atreve a decir nada malo. Es tal el temor que existe a su llegada, que no hacemos más que enaltecer y glorificar la vida.
Es una obviedad que la muerte, separa físicamente a las personas y automáticamente surge su contrapunto. Las une en un sentimiento. Las alinea, las acerca y hasta logra generar un sentimiento de unión intrínsica Eterna.
Será falta de conciencia? Será falta de valoración?
Yo creo que simplemente es estar desenfocado. Querer mirar todo y no ver nada. Creer saber lo que se quiere, cuando al final de la historia prevalece lo que no se vio.
El límite está en sentir. Cuando se deja de sentir es cuando se debe volver a cambiar el lente.
Vivamos como nos gustaría que nos despidieran, y quizás, con sólo eso, podamos vivir todos un poquito más felices.
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