Estoy lleno de preguntas, de dudas, inquietudes, miedos. Sí, ya sé que el miedo paraliza y que bla, bla, bla. Pero todos lo tenemos. Quién acaso no teme perder lo mucho o poco que tiene o consiguió. Quién no teme a los cambios? a lo desconocido? Sé que tiene adrenalina, pero así y todo, siento que a los más buscadores de sensaciones y viviencias, también se nos hace imposible no temer a ciertos cambios.
Y en el vaivén de todo esto aparece la famosa incertidumbre. Nuestra peor enemiga. Amiga de la desesperación y rival de la paciencia. Y mientras la dejamos pasar y ponerse cómoda, empezamos a enloquecer. A pensar a mil revoluciones por minuto, pero cuando intentamos dejar de pensar nos damos cuenta que en verdad no logramos pensar nada porque ya estamos desesperados.
Entonces... repasemos...
Si estamos desesperados no podemos pensar.
Si no podemos pensar cuesta decidirse.
Si cuesta decidirse comenzamos con la incertidumbre.
Si seguimos en la incertidumbre nos da miedo la situación.
Si nos da miedo no actuamos y comenzamos a desesperarnos por estar quietos.
Y ahí es donde otra vez no podemos pensar y todo de nuevo.
Es decir!!! que no hay que dejar que entre la incertidumbre. No la dejemos pasar ni siquiera al baño, o sólo si se va a cagar.
O acaso será que la incertidumbre es el precio de la libertad?
Continuará...
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