jueves, 14 de enero de 2010

24 horas

Me di cuenta de que me gusta mirar por las ventanillas.
Y cuando digo ventanillas no me refiero sólo a los colectivos. Elijo mirar por las ventanillas siempre. Quizás sería más indicado decir que me encanta mirar por las ventanas. O más sintético aún, que me encanta mirar, y se me hace muy cómodo hacerlo a través de un vidrio.

De alguna manera esa cosa material, invisible pero al mismo tiempo tan agresiva que es capaz de marcanos de por vida en caso de hacerle daño, nos brinda cierta seguridad. Es como una invitación a ver. Cada vez que nos ponen un vidrio por delante, translúcido, incoloro, nos dan ganas de mirar qué hay del otro lado.

También existen esos momentos sofocantes en los que sólo nos consuela abrir las ventanas!!! Qué hermoso momento el de levantarse y abrir las ventanas. Parece un acto mecánico, pero es una elección. Yo cada mañana elijo levantarme y abrir las ventanas.

Uno no sabe con qué se va a encontrar. Habrá sol? Estará nublado? Y ese es el momento en qué uno decide cómo quiere que esté el día. Vaya decepción nos llevamos cuando esperamos un sol radiante y casi que está por llover o visceversa.

Ese es el momento en el que hay que adaptarse. En principio puteamos, nos sentimos incómodos, teníamos un eseo ferviente de que haya amanecido de otra manera, pero bueno hay que continuar el día. Entonces qué hago, es la primera pregunta.

Ahí mismo empieza el dilema. Yo quería tal o cuál cosa y ahora con un día así no se puede! Mierda!!!, y entonces comienza la etapa de adaptación, el ceder, el acomodarse, justo eso que me sale tan mal en esta vida! Señoras y señores no sé acomodarme!!! Claro que cualquiera puede golpear su almohada hasta sentirla cómoda para después dormir, o buscar la forma exacta para que se rellene el sofá para sentirse cómodo, pero es muy diferente cuando hay que aceptar que el cielo no está como uno lo quería, lo deseaba desde lo más íntimo.

Hay días que no salen como uno los planea. Hay días que no son exactamente igual a cómo uno hubiese deseado, pero lo importante es aprender a vivirlos, porque al fin y al cabo también son de 24 hs. Porque 24 hs. va a durar el día de mañana. Y el de pasado. Y el que le sigue también.

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